¿Mueve el LSD nuestra creatividad y pensamiento creativo?

Leemos en Yorokobu que en Silicón Valley todo vale para mantener el alto ritmo de trabajo, consumir microdosis de LSD, hongos maravillados o mescalina también. ¿Cuánto se necesita para ser creativo hoy en día? En la agencia nos hemos preguntado qué mueve nuestro pensamiento creativo y todavía no es el LSD.

La creatividad es una de las capacidades humanas más estudiadas por psicólogos y científicos y, aún así, podríamos decir que es un terreno inexplorado. Internet está lleno de imágenes coloridas, bombillas iluminadas, cerebros de los que surgen millones de conceptos e ideas… Porque con la creatividad todo vale.

Según el profesor Mihály Csíkszentmihályi, autor del libro Creatividad, la psicología del descubrimiento y la invención, es “algo que surge de la interacción entre los pensamientos de una persona y su contexto sociocultural”. Los humanos pensamos, sentimos y nos emocionamos a diario, incluso un bloqueo mental se considera una respuesta a un estímulo, o la falta de él.

En la agencia la creatividad no es algo que tenga nombre y apellidos concretos, se trata de un estado permanente que juega entre nuestras paredes y rebota de compañero en compañero. Los proyectos en los que trabajamos, tanto en comunicación como en interiorismo, requieren implicación y “una vuelta de tuerca” que nos hace crear y movernos en un terreno lleno de objetivos por cumplir.

– Oye, ¿qué os parece esto?
– ¿Y si esta tipografía la hacemos más gruesa?
– Esta imagen me gusta mucho, creo que define muy bien lo que ellos quieren…
– Yo pondría el color más suave.

Son algunas de las frases que pululan por el aire. Las ideas fluyen, como lo hace una sustancia líquida o gaseosa que recorre el espacio para quedarse con la esencia del momento.

proceso creativo nevera comunicacion

El entorno es importante pero la creatividad también requiere de un proceso más o menos establecido. Se cree que Graham Wallas, pensador, socialista inglés y autor del libro El Arte del Pensamiento (escrito en 1926),  fue de los primeros en crear un modelo teórico para explicar el trascurso de la creatividad. Este distingue cuatro fases principales:

· La preparación: se lleva a cabo la formulación. Tenemos un “problema” al que hay que plantear una “solución” y pueden existir diferentes formas de llegar a nuestro objetivo.
· La incubación: es un momento de pausa en el que tomamos perspectiva con la idea para darle una vuelta y acercarnos a lo que queremos más tarde.
· La iluminación: fase en la que ¡ya está!: la idea aparece. Siempre arriesgamos. Pero cuidado, hay mucho cariño de por medio y puede nublarnos la vista y hacer que nos encaprichemos por lo que necesitaremos de la siguiente fase de verificación.
· La verificación: en esta etapa nos ponemos en marcha, evaluamos y comprobamos el trabajo.  Es la  etapa de la resiliencia: si no funciona volvemos a empezar, sin drama. En este punto pueden intervenir otros agentes no implicados activamente en el proceso anterior (cliente, entorno, mercado, etc.), que nos ayudan a que el proceso creativo finalice, llegando a la “solución” de la que hablábamos en la primera fase.

La creatividad es como un músculo que puede ser entrenado, de hecho, debe serlo si queremos que luego fluya ese pensamiento creativo. El trabajo en el día a día es nuestro entrenador; nos pone a prueba y nos desafía.

Al final, cuando hablamos de creatividad y pensamiento creativo hablamos de un conjunto: ingenio, trabajo en equipo, música, entorno, lugar, emoción, sensibilidad…

”La creatividad es contagiosa. Pásala.’’ – Albert Einstein.

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